Circular al Puig de Bassegoda: Aventura en la Alta Garrotxa
Realizada el 18/2/2026
Realizada el 18/2/2026
La segunda semana de febrero de 2026 nos embarcamos en una intensa jornada de senderismo al Puig de Bassegoda, organizada por el Grup Excursionista Cultural i Alpinista (GECA) de Sant Esteve d'en Bas. Esta cumbre, reconocible desde muchos puntos del entorno, nos ofrecía una ruta circular de 12.55 km. Nuestra aventura comenzó en la serena Ermita de Sant Andreu de Gitarriu, un punto de partida perfecto para adentrarnos en los paisajes de la Alta Garrotxa.
El camino transcurrió inicialmente por pistas y senderos sinuosos, que nos guiaron a través de frondosos bosques mixtos. El aire fresco del invierno y la tranquilidad del bosque nos acompañaron hasta que, de repente, el perfil imponente del Puig de Bassegoda se alzó ante nosotros, anunciando la aproximación a la parte más exigente de la ruta. Al llegar al Coll de Riu (993 m), la verdadera ascensión comenzó: primero, unas trepadas muy sencillas que calentaron nuestros músculos, seguidas de una subida por una tartera hasta los pies de la cumbre, donde la vegetación ya escaseaba. Allí, nos esperaba una trepada equipada de unos cuantos metros que nos condujo directamente a la cima.
La recompensa en la cumbre fue sensacional: unas vistas 360º de lujo que se extendían desde el mar hasta los grandes macizos. Domina la vista hacia el norte, el majestuoso Macizo del Canigó, que lamentablemente se presentaba ligeramente envuelto en nubes, pero sin perder su grandeza como protagonista de los Pirineos Orientales. También identificamos el Comanegra, el Puig Estela (justo delante del Taga), el Puigllançada y el cercano Puigsacalm (1.515 m), junto con los Aiats. Hacia el sur, la silueta inconfundible del Montseny, con el Turó de l'Home, las Agudes y el Matagalls, se alzaba en el horizonte. Más cerca, hacia el sureste, destacaba la Mare de Déu del Mont, con su característico santuario, y la lejana extensión del Golfo de Roses.
Después de disfrutar del almuerzo y de estas vistas inolvidables, iniciamos el descenso, destrepando la zona equipada para retomar la ruta circular. El terreno calcáreo puso a prueba nuestra resistencia y atención mientras nos adentrábamos de nuevo en el bosque. Durante la bajada, descubrimos miradores impresionantes que ofrecían vistas a la parte más salvaje de la Alta Garrotxa, con montañas nevadas que se entreveían entre las nubes. La ruta nos llevó hasta la pintoresca Iglesia de Nuestra Señora de las Agujas, una joya escondida en medio del bosque. Finalmente, después de varios kilómetros más, atravesando algún tramo un poco confuso y superando un riachuelo, llegamos a los coches, concluyendo una jornada intensa y llena de satisfacciones en un día de buen tiempo.
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