Senderismo en la Albera: Puig d'Esquers, Puig d'en Jordà y sus tesoros
Realizada el 8/3/2026
Descripción
El 8 de marzo de 2026, nos adentramos en una jornada de descubrimiento por el Paraje Natural de Interés Nacional de la Albera, con el objetivo de ascender a dos 100 cims de la FEEC: el Puig d'Esquers y el Puig d'en Jordà. Con una distancia de 15,48 km, esta ruta nos reveló una faceta sorprendente de la Albera, normalmente seca, pero que hoy encontramos generosamente regada por las recientes inestabilidades meteorológicas de 2026.
Iniciamos la aventura en el Coll de la Serra (Vilamaniscle). Enseguida, cruzamos el Torrent de la Balmeta, que presentaba un caudal de agua inusualmente abundante. El ascenso hacia el Puig d'Esquers nos llevó por lugares llenos de encanto e historia: pasamos por la solitaria Ermita de Sant Martí de Vallmala, donde tuvimos la suerte de avistar ejemplares de la orquídea Himantoglossum robertianum, y justo antes de llegar a la cima, nos encontramos con el Dolmen de Puig d'Esquers, un testimonio milenario del pasado.
Después de las fotos de rigor en el Puig d'Esquers, emprendimos una larga travesía por varios collados, observando entre las nubes bajas nuestro próximo objetivo, el Puig d'en Jordà, y una formación rocosa que, por su singularidad, se asemejaba a un pequeño Pedraforca: las Orelles de la Mula. Seguimos la cadena de cumbres hasta llegar a la frontera con Francia, donde culminamos el ascenso al Puig d'en Jordà.
La bajada nos guio por la otra vertiente, siguiendo tramos de la conocida Ruta dels 4 refugis de la Tramuntana. Este descenso no estuvo exento de emoción, con alguna trepada que añadía un punto de aventura. Por el camino, pasamos por otras cumbres como el Puig dels Esquerders y el Puig del Roure, y visitamos el Dolmen de Dofines, otro vestigio prehistórico. Finalmente, una pista nos condujo de nuevo al punto de inicio.
A pesar de las previsiones, la lluvia nos respetó, permitiéndonos disfrutar de un día seco. Desafortunadamente, las nubes bajas nos privaron de las vistas lejanas, aunque pudimos vislumbrar la inmensidad del Mediterráneo y los pueblos costeros, tanto de Cataluña como del Rosellón. Una jornada de exploración por la Albera oriental que, con sus bosques de alcornoques y matorrales mediterráneos, nos regaló un paisaje auténtico y una conexión profunda con la naturaleza y la historia de esta sierra fronteriza.
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