Epipogium aphyllum
Sobre la Orquídea
La Epipogium aphyllum, popularmente conocida como Orquídea fantasma, es una planta vascular herbácea y terrestre que pertenece a la familia de las orquídeas (Orchidaceae). Es célebre por su comportamiento inusual: es una planta micoheterotrófica, lo que significa que está desprovista de clorofila y no realiza la fotosíntesis. Recibe el nombre de "orquídea fantasma" precisamente por su apariencia pálida y translúcida, y por el hecho de que pasa la mayor parte de su vida bajo tierra de forma inadvertida, emergiendo a la superficie solo durante la floración, la cual es muy impredecible y no sucede cada año.
Descripción morfológica: Debido a la falta de clorofila, la planta presenta una coloración blanquecina, amarillenta o rojiza translúcida. El tallo, que mide entre 8 y 25 cm de altura, es delgado, sin pelos y con la base engrosada. Las hojas son prácticamente inexistentes y están reducidas a pequeñas escamas o vainas membranosas. La inflorescencia puede llevar de 1 a 8 flores (excepcionalmente hasta 10) muy separadas entre sí. Las flores destacan porque su pétalo principal (el labelo) se posiciona en la parte superior, al revés de lo habitual en la mayoría de orquídeas (flor no resupinada). Son de tonos cremosos o amarillentos, con el labelo de color blanco decorado con manchas, crestas o papilas de color rosa o púrpura, y presentan un espolón grueso en forma de saco dirigido hacia arriba. Bajo tierra, posee un rizoma grueso, sin raíces verdaderas, del cual salen estolones finos.
Ecología y ciclo vital: La polinización es entomófila, llevada a cabo principalmente por abejorros y moscas, como Bombus hortorum, Bombus lucorum, Bombus pascuorum y Musca corvina. Estos insectos son atraídos por la fragancia dulce de la flor, a menudo descrita como un olor a plátano fermentado, aunque la producción y fructificación de semillas es excepcionalmente rara. Su ciclo de vida depende completamente de la asociación simbiótica (red micorrízica) con hongos del suelo (basidiomicetos, como los géneros Inocybe o Hebeloma), de los cuales extrae todos los nutrientes esenciales. Dado que produce pocas semillas, se reproduce habitualmente de forma vegetativa a través de las estructuras estoloníferas subterráneas, lo que puede hacer que la planta parezca que se "desplaza" cada año. La floración es "caprichosa" y requiere condiciones muy específicas, generalmente primaveras y veranos con mucha lluvia, floreciendo en los meses de julio y agosto; si el ambiente es seco, la floración puede abortarse bajo tierra o, incluso, puede llegar a florecer de forma oculta bajo la hojarasca.
Hábitat y distribución: Vive en bosques antiguos y húmedos con suelos muy ricos en materia orgánica, especialmente en zonas de sombra profunda. En nuestro territorio se desarrolla casi siempre en el sotobosque oscuro de los hayedos y abetales, donde crece directamente de la hojarasca o del humus en descomposición. Prefiere lugares que sufren inviernos fríos. A escala mundial, tiene una distribución euroasiática extremadamente amplia (desde Europa occidental hasta Japón, Kamchatka y el Himalaya), pero al mismo tiempo es excepcionalmente rara dondequiera que crece. En la Península Ibérica, se encuentra de manera muy aislada principalmente en los Pirineos y zonas cercanas (como Cataluña: Vallespir, Pallars Sobirà, Alta Ribagorça, Berguedà y Montseny; o La Rioja, Navarra y Huesca). Está ausente de la región mediterránea estricta.
Estado de conservación: A escala europea global, la UICN la clasifica en la categoría de "Preocupación Menor" (LC) dada su amplia distribución territorial, pero a nivel práctico se considera de presencia escasísima y se encuentra estrictamente protegida en casi 56 países. En España y Cataluña se considera una de las plantas más raras; en el Catálogo de flora amenazada de Cataluña, está catalogada como "En peligro de extinción". Está amenazada principalmente por la degradación de su hábitat boscoso primario, las alteraciones en la humedad provocadas por la sequía, la práctica de explotación de madera que aclara los bosques, las incursiones de los jabalíes que devoran sus rizomas, y los daños accidentales (pisadas) de aficionados y fotógrafos.
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