El corazón del conglomerado de Sant Honorat
Realizada el 5/4/2026
Descripción
El 5 de abril de 2026, bajo un sol casi estival, nos adentramos en el Alt Urgell para descubrir un tesoro geológico en la zona de Sant Honorat. Una ruta de 16,56 km nos esperaba para conquistar dos cimas del listado de los «100 cims» de la FEEC: el Roc de Cogul y Sant Honorat.
Iniciamos la aventura en Can Boix, atravesando sus instalaciones hacia el Bosc de l'Hostal, un sendero sombrío que nos llevó hasta el Grau de Porta y el Coll dels Quatre Camins. Desde este punto estratégico, pusimos rumbo sur para coronar el Roc de Cogul. En esta primera cima, la perspectiva era inmejorable: a nuestra espalda, el conglomerado de Sant Honorat se extendía como un laberinto de roca marcando el rumbo que seguiríamos más tarde; al otro lado, Peramola y el Pantano de Rialb se dibujaban en el horizonte.
Tras regresar al collado, avanzamos hacia Sant Honorat, explorando antes la singular zona «del Corb». Visitamos el Forat del Corb y la Casa del Corb, un impresionante refugio natural excavado en la roca. Un mirador cercano nos permitió analizar el relieve de Sant Honorat antes de desviarnos hacia la Agulla del Corb y la encantadora Ermita de Sant Salvador del Corb. Desde aquí, disfrutamos de las vistas hacia el Montsec de Rúbies (donde recientemente coroné dos cimas).
En el Coll de Mur empezó el tramo más vibrante: el recorrido por el conglomerado. Durante unos 3 km, nos movimos por un paisaje que evoca la magia de Montserrat o la Serra de l'Obac, entre formaciones caprichosas y torrentes sinuosos. ¡Una experiencia geológica cautivadora!
Finalmente, alcanzamos la meseta de Sant Honorat y su emblemática ermita, donde dedicamos un buen tiempo a explorar los diversos miradores naturales que bordean los riscos. Desde estas atalayas, pudimos observar el Pantano de Oliana y la magnífica estructura del anticlinal aventado de Oliana. Es fascinante ver cómo la erosión ha vaciado su núcleo, formado por margas más blandas, mientras que los resistentes conglomerados que las protegían todavía se elevan en los flancos, creando una morfología única.
Para cerrar la jornada con un broche de oro, visitamos la Ermita de Castell-llebre, una joya románica sobre el Pantano de Oliana. El regreso, bajo las imponentes paredes de Rombau, puso el punto final a una ruta de belleza salvaje.
Mapa
Galería








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